Ángeles del desvalido | Opinión


En nuestra envejecida sociedad, los ancianos son especialmente vulnerables a los actos delictivos, sobre todo si han llegado al otoño de sus vidas con cierto poder adquisitivo y sin familiares que se ocupen de ellos. Si además asoma en su mirada una demencia senil, son carne de cañón de los amigos de lo ajeno.

Le ocurrió a una señora de 89 años que vivía en Zaragoza, cuyo caso se ha conocido recientemente. Iba en silla de ruedas, sufría un deterioro de su capacidad psíquica y vivía sola en su piso de la capital aragonesa. Una mujer sin escrúpulos que advirtió su delicada situación quiso sacar tajada de ella. Se fue ganando su confianza poco a poco, ofreciéndose a subirle la compra, a acompañarla a algún recado… Hasta que se metió en su casa como ‘cuidadora’ y acabó vendiéndole el piso, embolsándose el dinero y llevándola a vivir de alquiler a Cuarte de Huerva.

Todo esto lo hemos sabido gracias al buen olfato y la humanidad de los policías de la población zaragozana que acudieron al ser requeridos cuando la anciana sufría un brote de demencia. Les llamó la atención que a su edad y en su estado viviera sola. Así que avisaron a los servicios sociales y sanitarios, y permitieron que se pusiera en marcha un engranaje que acabó con la detención de la estafadora por la Guardia Civil.

En los tiempos que corren, reconforta saber que hay profesionales en todos los servicios de atención al ciudadano, desde policías a sanitarios, que no se limitan a cubrir el expediente, sino que son verdaderos servidores públicos y, a veces, los únicos ángeles de la guarda de los más desvalidos.