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Boxeador se cayó de un techo y lleva 17 años esperando por una cirugía – Otras Ciudades – Colombia



La historia del boxeador peso pluma cartagenero Rafael Zúñiga está llena de paradojas fatales: de esas que valen la vida.

Rafael Enrique Zúñiga Medrado cosechó una de las carreras más extensas y solidas del boxeo costeño y representó al departamento de Bolívar e incluso a Colombia en justas internacionales, como los Juegos Olímpicos.

Pese a que besó la lona en un par de ocasiones, el boxeo nunca le ocasionó la lesión que hoy lo tiene caminando en muletas y soportando dolores infernales en espalda y extremidades inferiores.

“En el año 2001 tuve un accidente casero en el cual sufrí aplastamiento de médula L1- L2, como dicen los médicos, y desde entonces no puedo caminar”, señala el pugilista.

‘El Papa’ como le dicen sus vecinos, habita en el barrio El Líbano, a cinco cuadras de la Avenida Pedro de Heredia, donde goza del respeto y el cariño de su gente.

“Hace 19 años había una gotera en la cocina y de curioso me trepé al techo y me di cuenta que eso era fácil de solucionar, pero cuando venía bajando me ocurrió el accidente”, dice el curtido hombre, ahora de 57 años.

Hoy, Zúñiga Medrado enfrenta dolores terribles que lo acosan en las noches y le impiden dormir en paz. Aún así, conserva ese ímpetu y alegría costeña y tiene ganas de vivir, pero sus días se ven opacados por los dolores que no lo dejan en paz.

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“No sé qué pasó ese día: me dio mareo y caí sentado de una altura de dos metros y medio, no fue muy alto, pero la forma como caí me perjudicó”, cuenta Zúñiga desde su pequeño gimnasio ubicado en el patio trasero de su hogar, donde convive con su esposa venezolana.

Para caminar depende de dos viejas muletas. Las extremidades superiores de su cuerpo están fuertes y llenas de vida, pero arrastra sus piernas que no le responden como en los años de gloria.

“En el espacio en el que caí fue donde me puede hacer el menor daño, porque si yo llegó a caer sobre el mesón de la cocina me parto la espalda”, relata.

Pero los dolores en los últimos años se acrecentaron y vienen con escalofríos, manos y piernas se le duermen y en las noches lo atacan dolores intensos en la espalda que le sacan lágrimas. 

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Acostado sobre el banco plano, el viejo Zúñiga es de nuevo un deportista consumado que alcanza las 50 repeticiones con unas pequeñas pesas.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

Le robaron su operación en Cuba

El fatal accidente casero ocurrió a finales del año 2001, cuando en Cartagena era alcalde Carlos Díaz Redondo.

Desde la administración se movieron recursos para enviar al campeón a Cuba para que fuera operado por los mejores médicos del continente en materia de médula espinal.

“Pero con tan mala suerte la mía que cuando ya estaba todo listo para mi viaje a Cuba a la operación, un prestante médico cartagenero sufrió una lesión parecida a la mía y se lo llevaron fue a él”, recuerda Rafa.

Durante 18 meses estuvo tendido en una cama y en silla de ruedas, hasta que a mediados del año 2003 lo operaron en una clínica de Cartagena.

Tenía 38 años y desde entonces su lucha es contra la mitad de su cuerpo. Ese que no le quiere obedecer.

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En el patio de su casa, Rafa conserva algunos sacos para boxear y hasta hace poco entrenaba niños del barrio El Líbano.

En el patio de su casa, Rafa conserva algunos sacos para boxear y hasta hace poco entrenaba niños del barrio El Líbano.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

Le robaron su medalla en los olímpicos

Zúñiga se retiró del boxeo por puro orgullo. Nunca había perdido en Colombia profesionalmente, pero el día cuando por decisión unánime perdió su invicto nacional, decidió colgar los guantes tras una pelea más.

Su marca profesional fue de 26 triunfos, 16 de ellos por nocauts, 3 empates y 5 derrotas. Cuatro derrotas en el exterior y una en Colombia frente a Víctor Polo, el 6 de mayo del 1994 en Cartagena

Entonces se dijo: “si no puedo ganarles a mis compatriotas, mucho menos a boxeadores extranjeros”, y por ello se retiró.

Estados Unidos, Alemania, tres veces en Francia, España, México, Argentina, Puerto Rico, Panamá, Ecuador, Venezuela. En Tailandia estuvo pero no pudo pelear porque a su rival, un boxeador inglés, no lo dejaron entrar en el aeropuerto.

“En el boxeo, si tú no eres campeón del mundo no llegas a tener plata, pero a mí el boxeo me dejó amistades y saber que hice las cosas bien”, añade el gran Rafa, con una dignidad inmensa en sus ojos.

Necesito que me separan el hueso que está presionando la médula: o vuelvo a caminar o quedo sin movilidad. Es un riesgo que tengo que asumir, pero estos dolores no me los aguanto más

“Cuando peleé por título mundial (11 de abril de 1991 ante el mexicano Marcos Villasana, campeón del CMB, que lo noqueó en el sexto asalto), peleé prácticamente gratis, porque tenía hambre de título. Yo era el segundo del escalafón. Todos los amigos míos ya habían peleado por título mundial y yo estaba desesperado. En ese tiempo me ofrecieron dos millones de pesos, aunque la pelea estaba firmada por mucha más plata, pero me dijeron si no peleas te meto preso”, relata.

Antes de eso, como aficionado (rama en que comenzó de la mano de Fortunato Grey) dejó su marca en 84 triunfos y 9 derrotas.

Peleó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984. Con su poderosa recta de derecha noqueó en la segunda ronda al favorito y afamado Orlando Fernández, de Puerto Rico, candidato a la medalla.

El siguiente combate, ante el nigeriano Peter Konyegwachie, lo ganó en el ring y le levantaron el brazo, quedando a un triunfo del bronce. Pero, minutos después, una comisión técnica, en una de las tantas jugadas sucias de la mafia de la AIBA, ente mundial del boxeo aficionado, lo declaró perdedor. El nigeriano fue medalla de plata, perdiendo en la final ante el estadounidense Meldrick Taylor.

El cartagenero tuviera hoy una pensión si se hubiese colgado la medalla.

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En el boxeo, si tú no eres campeón del mundo no llegas a tener plata, pero a mí el boxeo me dejó amistades y saber que hice las cosas bien

Hoy lucha por una mejor calidad de vida

El boxeo le dejó su casa, ubicada al lado de la institución educativa del barrio El Líbano.

Un corredor angosto de 15 metros, entre el patio y la puerta de su casa, es el espacio donde se ejercita porque no se puede quedar quieto.

En el patio conserva algunos sacos para boxear y hasta hace poco entrenaba niños del barrio.

“Hay mucho talento en los pelaos, pero no hay apoyo de las instituciones”, dice.

Hoy, Rafa quiere volver a ser operado porque no aguanta los dolores en la espalda y las piernas y los brazos se le están durmiendo.

“El año pasado me hicieron una resonancia y lo que se ve es que la operación quedó mal hecha y hay un hueso que sigue presionando la médula. Ese contacto es lo que no me deja evolucionar. Hoy los dolores me han hecho hasta perder peso”, dice Zúñiga, un hombre lleno de vitalidad, alegre y con ganas de vivir.

Sin estas tobilleras prácticamente me tengo que arrastrar y cuando me las quito por la noche los dolores son terribles

Su tronco y extremidades superiores mantienen la firmeza de un deportista, y todo lo que sea acostado lo hace con pasión.

Relata que hace 100 abdominales diarias y que de hecho le tuvo que bajar a la rutina porque hacía 300 abdominales, “pero por recomendaciones médicas diezmo la serie para no afectar más la espalda, que es la que me mata del dolor”.

Acostado sobre el banco plano, el viejo Zúñiga es de nuevo un deportista consumado que alcanza las 50 repeticiones con unas pequeñas pesas.

Pero cuando se pone en pie, es ahí cuando comienza su tragedia: no solo depende de las muletas para caminar, sino que lleva unas gruesas tobilleras plásticas que ocupan ambas pantorrillas.

“Sin estas tobilleras prácticamente me tengo que arrastrar y cuando me las quito por la noche los dolores son terribles”, dice el exboxeador.

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Peleó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984. Con su poderoso recto de derecha noqueó en la segunda ronda al favorito y afamado Orlando Fernández, de Puerto Rico, candidato a medalla.

Peleó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984. Con su poderoso recto de derecha noqueó en la segunda ronda al favorito y afamado Orlando Fernández, de Puerto Rico, candidato a medalla.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

Sobrevive alquilando lavadoras

A raíz del accidente tuvo que dividir su casa y arrendar una parte para sobrevivir. También, alquila lavadoras a sus vecinos y vende gaseosas y mecatos.

“Si Dios me diera otra vida volvería a ser boxeador, es una carrera de mucha nobleza y donde uno hace amigos de verdad. Y eso es lo que yo tengo. En mi carrera, luego de varios combates terminé abrazado con mi rival y cultivando grandes amistades en el ring”, dice.

Las paredes de su casa son un museo de lo que fueron sus años de gloria: una docena de fotos enmarcadas con delicadeza dan cuenta de sus triunfos; cuando su apellido y su rostro eran titulares de prensa y foto de portada.

“A mí también me gusta ver béisbol y fútbol, pero son deportes que nunca tendrán la nobleza del boxeo”
, señala.

Otro espacio de su casa está dedicado a sus múltiples medallas, ya oscurecidas por el salitre, que dan fe de su paso por varias capitales del mundo en competencias internacionales.

El año pasado me prometieron que me iban a dar una plata mensual. Pero me pagaron 5 meses y el resto se lo embolsilló algún funcionario corrupto

Rafael Enrique Zúñiga Medrado está cansado de las promesas que siempre le han hecho los políticos durante las contiendas electorales, pero que se olvidan de él cuando llegan al poder.

Hoy solo pide a su EPS, la Nueva EPS, que lo vuelvan a operar porque ya no soporta los dolores.

“Esta pelea me la tengo que dar. Necesito que me separan el hueso que está presionando la médula: o vuelvo a caminar o quedo definitivamente sin movilidad. Es un riesgo que tengo que asumir, pero estos dolores no me los aguanto más“, concluye.

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